Legión Agrícola Militar

Legión Agrícola Militar
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Olivieri viajó a Italia, dirigiéndose a Chieti desde donde pasó a Roma, donde debía proseguir su labor conspirativa. Desgraciadamente, fue encarcelado allí y condenado a varios años de prisión bajo graves cargos. Una voz internacional de protesta se elevó, por lo que después de menos de un año fue liberado bajo la condición de exiliarse nuevamente en América del Sud. Por eso, en octubre de 1855, Silvino Olivieri desembarcaba por segunda vez en Buenos Aires siendo acogido triunfalmente por la población.

Gracias a la iniciativa del coronel Bartolomé Mitre, se decidió apoyar las fuerzas del centro de la línea de frontera acantonadas en el Azul con un movimiento ofensivo sobre el flanco derecho de las tribus indias, tomando como base de operaciones a Bahía Blanca. Aquel punto estaba abandonado, siendo que flanqueaba las principales posiciones indígenas en Salinas Grandes y Leuvucó, desde una distancia relativamente corta. Los indios se verían obligados a dividir sus fuerzas, frente a una amenaza permanente asentada en ese punto.

De allí surgiría la colonia agrícola militar de Nueva Roma, forma experimental en cuanto a una nueva forma de asentamiento poblacional y a su estratégica ubicación en proximidades a Bahía Blanca.

Comunicada por el gobierno porteño al coronel Silvino Olivieri la comisión de organizar la colonia agrícola militar en noviembre de 1855, sus principales disposiciones establecían que tenía la facultad de reunir hasta el número de 600 hombres aptos para el servicio de las armas, los que serían enganchados por tres años bajo iguales condiciones que las demás tropas de línea del Estado, divididas sus fuerzas en artillería, infantería y caballería.

El pasaje hasta Bahía Blanca para la tropa y su familia sería por cuenta del gobierno, pero una vez allí no tendría obligación alguna respecto a su manutención. El gobierno cedería a la empresa de colonización, por cada individuo o familia una suerte de estancia o de chacra, con un solar en el pueblo de la colonia. Los legionarios estarían sujetos a la más estricta disciplina y rigor militar.

Debido a la importancia del proyecto, se nombró una comisión protectora de la colonia, con el objeto de trabajar para su fomento y desarrollo. El apoyo que recibió de la opinión pública fue tal, que a mediados de diciembre de 1855 ya había recolectado una suma importante de dinero, planeando entregar al coronel Olivieri numerosos donativos.

El 24 de enero la expedición partía rumbo a Bahía Blanca. A su arribo, acaecieron algunos sucesos que parecen haber colaborado al fatal resultado final: primero varó uno de los bergantines que los transportaba, perdiéndose la mayor parte de los equipajes, herramientas y simientes de los legionarios. Luego se vieron afectados por una epidemia que habría sido producida por ingestión de frutas verdes de la región bañadas en abundante alcohol, aunque en otras versiones habría sido el fatal morbo del cólera. Sin embargo, la legión sufrió pocas bajas en su elenco.

Todos los legionarios sin distinciones estaban sujetos a las ordenanzas militares. Ningún oficial de mayor rango podría exigirles ningún servicio personal, pero debían observar el más estricto respecto hacia sus superiores bajo pena de insubordinación y de ser castigados militarmente. Tenían obligación de arreglar una calle para rodado desde el poblado hasta el nuevo muelle, contruir una casa para depósito de efectos, un cuartel, y levantar dos baterías en los puntos más adecuados del lugar.

Viéndose obligados a invernar en Bahía Blanca, puede referirse que el coronel Olivieri no olvidaba que los objetivos principales de su misión eran hacer la guerra a los indios y fomentar la agricultura.

Una parte importante del esfuerzo de los legionarios fue invertido en la investigación del terreno para decidir el lugar definitivo para instalar la nueva colonia.

En julio fue elegido un sitio situado a unas 10 leguas de Bahía Blanca llamado "Cuelis" por los indios, el cual desde dos colinas –bautizadas en recuerdo de las colinas de Roma como Monte Appio y Monte Pincio– sobre cuyas faldas corría el Sauce Chico, veía extenderse una vasta llanura. Había montes de piedra calcárea adecuada para la construcción de casas, siendo abundante también la leña para combustión aunque faltaba aquella utilizable en la construcción. Los terrenos circundantes eran aptos para cualquier tipo de pastoreo, especialmente vacas y caballos, y existían muchas especies comestibles de caza. También eran adecuados para la agricultura.

Pronto las labores de la nueva fundación comenzaron a perfilarse. Las primeras instalaciones fueron las defensivas, y las de abrigo y protección. Se levantó un corral de pircas para encerrar caballada y hacienda, se preparó una explanada para instalar dos baterías de artillería, se echaron los cimientos del fuerte y de varios edificios, y se construyeron ranchos endebles.

Los informes publicados en La Legione Agricola, vocero de la legión, en esos días pintaban un panorama venturoso donde resaltaba el vigor del trabajo y el buen humor de los legionarios empeñados en la empresa soñada. Se estimulaban unos a otros con el ejemplo, sin faltar quien alabara los méritos del coronel Olivieri por su inteligente dirección, la que unida a la energía del conjunto estaba produciendo un fruto auspicioso.

 

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